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Anécdotas y curiosidades
de la séptima etapa de «Un, dos, tres...»

 

 

 

 

En la rueda de prensa que se convocó en junio de 1991 para presentar la nueva etapa de «Un, dos, tres...» y a sus protagonistas, se dijo que las nuevas azafatas serían María Abradelo, Marta de Pablo, Carolina Rodríguez, Patricia Alcocer, Belén Ledesma y Raquel Vergés.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

Entre las nuevas azafatas se incluía Raquel (de naranja en la foto)

 

 

Iba a ser una de las pocas veces en la historia de «Un, dos, tres...» en que no iba a haber azafata extranjera en el equipo titular de azafatas. Pero, finalmente, Raquel Vergés no apareció como azafata en el programa, y su lugar fue ocupado por una chica francesa: Elsa Berardengo.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

Finalmente, Elsa ocupó el puesto de Raquel

 

  

  

  

A propósito de la rueda de prensa para la presentación de la nueva etapa del programa, Jordi Estadella dijo en tono jocoso que el «Un, dos, tres...» se la tenía un poco “jurada” porque la verbena de San Juan se la pasó en Madrid con motivo de dicha rueda de prensa, el día de su aniversario de bodas estuvo lejos de su mujer ya que tenían el ensayo general del primer programa, y para colmo de males el día de la emisión del primer programa (13 de septiembre de 1991) la luna no estaba en cuarto creciente, que es como a él le daba suerte.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

Jordi estuvo en Madrid durante la mágica noche de San Juan
para dar a conocer a la prensa la nueva etapa del programa

 

 

Lógicamente, Jordi hablaba de broma porque estaba encantado con haber sido elegido presentador del nuevo «Un, dos, tres...», ya que tenía muchas ganas de trabajar con el maestro Ibáñez Serrador, y además con el programa logró uno de sus mayores éxitos profesionales.

 

   

  

  

La relación entre Jordi Estadella y Narciso Ibáñez Serrador fue muy fluida desde un principio, ya que compartían muchas aficiones. La amistad surgió enseguida, aunque en el plató mantenían las formas y se llamaban mutuamente de usted y utilizaban tratamientos a la par cariñosos y respetuosos.

 

Jordi le llamaba a Chicho “monseñor”, “comendador” o “venerable director”, entre otras cosas, y Chicho le respondía llamándole “profesor”.

 

«Un, dos, tres...» - 1992

 

 

En cierta ocasión, un periodista que cubría una grabación del programa le preguntó a Jordi que como es que el maestro Chicho le llamaba a él profesor. Jordi se molestó un poco por la pregunta y le respondió que él también era “profesor” ya que llevaba más de 20 años como profesional y que a su lado en Radio Juventud se habían formado periodistas de la talla de Elisenda Roca, entre otros.

 

 

  

  

Jordi Estadella - «Un, dos, tres...» (1991)

Antes de presentar «Un, dos, tres...», Jordi Estadella había presentado «No te rías que es peor».

 

Para romper con esa imagen anterior, Chicho le pidió que durante los cinco primeros programas se mostrara serio, para ir dando luego rienda suelta a su estupendo sentido del humor.

Jordi estuvo más encorsetado durante los primeros programas

 

  

  

  

Aunque Narciso Ibáñez Serrador siempre había trabajado muchísimo durante las etapas anteriores, en esta séptima etapa el trabajo se multiplicó si cabe, ya que el programa se había hecho más espectacular, lo cual requería una mayor atención por su parte.

 

Chicho trabajaba quince horas al día los siete días de la semana para poder escribir los guiones, reunirse con los actores, ensayar, grabar el programa, montarlo, etc.

 

Narciso Ibáñez Serrador - «Un, dos, tres...» (1991)

 

 

  

  

Las anécdotas relacionadas con Miriam Díaz-Aroca se podrían contar a centenares. Por su juventud y simpatía se pasaba el día riendo, lo que provocaba que en algunas ocasiones tuviera que detenerse la grabación por los ataques de risa que le daban.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

Las risas estaban aseguradas con Miriam Díaz-Aroca

 

 

Miriam apareció en el espacio Philips en el primer programa vestida de payaso, ya que anteriormente había tenido lugar el número musical del circo y no le daba tiempo a cambiarse de ropa. Para los siguientes programas, la santanderina sugerió a Chicho aparecer vestida de personajes diferentes en cada ocasión, pero el jefe consideró mucho mejor aparecer siempre vestida de payaso. Miriam refunfuñó ante la decisión, pero acabó reconociendo que el personaje del “payaso sin nombre” le había dado mucho éxito y satisfacciones.

 

Miriam Díaz Aroca - «Un, dos, tres...» (1991)

  

 

Otra anécdota relacionada con el vestuario de Miriam tuvo lugar durante el programa dedicado a Edgar Allan Poe (6 de diciembre de 1991). Cuenta Miriam que estando sentada durante la tanda de preguntas se le subió el traje llegándole hasta la nariz.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

Chicho y Miriam bromean con la anécdota del traje

 

  

  

  

Pero no todo eran risas durante la grabación del «Un, dos, tres...», sino que a veces se vivían momentos de gran tensión. Como buen perfeccionista que es, Ibáñez Serrador quería que todo saliera como estaba pensado y estudiado.

 

Por eso, cuando algo no salía como él quería solía recriminar a la persona que se hubiera equivocado, bien a través de la megafonía del plató, o bien a través de unos teléfonos conectados con el control de realización y escondidos fuera del alcance de las cámaras.

«Un, dos, tres...» - 1991

A través del teléfono Chicho daba
instrucciones privadas a los presentadores
 

 

  

  

  

Al igual que lo tenían las “Tacañonas”, las “Derrochonas” también tuvieron nombre, al menos, pensado por Chicho Ibáñez Serrador, aunque al final nunca fueron presentadas por su nombre. Las tres sobrinas-nietas de las “Tacañonas” respondían al nombre de “Gastona” (Paloma Hurtado), “María Dólares” (Teresa) y “Gene” (Fernanda), por lo generosa que era.

 

Las hermanas Hurtado - «Un, dos, tres...» (1991)

“María Dólares”, “Gastona” y “Gene”

 

  

  

  

Cuando se enteraron de la vuelta del programa, algunas azafatas de etapas anteriores que no habían triunfado en el mundo del espectáculo llamaron a Chicho para que volviera a contar con ellas en esta nueva etapa, pero el director consideró que era conveniente renovar el plantel de azafatas. Para ello convocó diversos castings y reconoce que después de probar a muchas chicas le costó encontrar algo más que una bonita sonrisa.

 

Chicho quería al mejor sexteto de azafatas y lo cierto es que supo seleccionar a unas azafatas que luego han continuado en la televisión, el cine o el teatro de una forma u otra. 

«Un, dos, tres...» - 1992

Las azafatas del «Un, dos, tres...» se hicieron tan
populares que posaron vestidas de deportistas para promocionar las Olimpiadas de Barcelona’92

 

  

  

  

Antes de acabar el verano de 1991, la prensa publicó que la azafata contable en la nueva etapa de «Un, dos, tres...» sería María Abradelo. Parece que Chicho, para dar mayor protagonismo a Miriam durante la tanda de preguntas, se pensó mejor esta decisión y resolvió que las cuentas las llevara la propia Miriam. De lo contrario su papel hubiera quedado relegado a ser la conductora de la eliminatoria.

 

María Abradelo - «Un, dos, tres...» (1991)

 

  

  

  

Por causa de los nervios antes de comenzar cada grabación, las azafatas no solían comer al mediodía. Pero en el descanso de media tarde, una vez superados los nervios iniciales, a las chicas les entraba hambre y daban buena cuenta de los bocadillos que se repartían entre los miembros del equipo y del público.

 

«Un, dos, tres...» - 1992

Elsa y María bromean comiendo el bocadillo

 

  

  

  

Patricia Alcocer - «Un, dos, tres...» (1992)

El programa dedicado a la comedia musical (28 de febrero de 1992) fue vivido con mucha ilusión por las azafatas, ya que iban a contar con la presencia de Angels Gonyalons, y podrían interpretar con ella varios musicales clásicos. Pero lo que podía haber sido un inolvidable programa lleno de magia e ilusión pasó a la memoria de las azafatas como el programa en que Patricia Alcocer, por caer en una mala postura, se rompió los ligamentos de una pierna.

  

La caída, que no se vio en la emisión final porque fue evitada en el montaje final, impidió que Patricia continuara su labor como azafata, apareciendo únicamente en el último programa de la etapa, aún con muletas por causa de la lesión.

 

  

  

  

En esta séptima etapa el «Un, dos, tres...» se grababa en el plató E-3 de los Estudios Buñuel, que en aquel entonces era el segundo más grande de Europa. Eso permitió construir espectaculares decorados que costaban siete millones de pesetas (más de una cuarta parte del presupuesto de cada programa).

 

«Un, dos, tres...» - 1991

El E-3 de los Estudios Buñuel medía casi 2000

 

 

Cada emisión del programa contaba con 26 millones de pesetas como presupuesto. La cuantía de los premios creció respecto a la sexta etapa, aunque no se aproximaba a los espectaculares premios de «El precio justo».

 

 

  

  

Fueron muchas las parejas de españoles que quisieron concursar en la séptima etapa de «Un, dos, tres...». Los encargados de producción de PROINTEL seleccionaban a los concursantes por su simpatía, no tanto por que fueran físicamente atractivos.

 

La mayoría de las parejas venía con ganas de pasárselo bien, y aunque de primeras se sintieran atarazados por los nervios, enseguida entraban en la magia del juego.

 

No obstante, había excepciones, como la de una chica que consiguió pasar a la subasta y le dijo a Jordi que se encontraba cansadísima y que lo único que deseaba era irse a la cama a dormir. Esta falta de entusiasmo provocaba decepción en el equipo, ya que habían trabajado muy duro preparando el programa.

 

La falta de entusiasmo de los concursantes provocaba
desánimo en los miembros del equipo de «Un, dos, tres...»,
ya que se habían desvivido durante toda la semana preparando decorados, vestuario, juegos, etc. para que los concursantes
disfrutaran al máximo de una experiencia irrepetible

Jordi Estadella - «Un, dos, tres...» (1992)

 

 

Pero lo normal era que los concursantes se volcaran y mostraran muchísima ilusión, llegando a emocionarse y llorar de alegría si finalmente se llevaban un coche, el apartamento o una buena cantidad de dinero.

 

Pero no siempre los premios eran buenos. Por ejemplo, en el programa dedicado a la comedia musical los concursantes se quedaron con el regalo que escondía pasar una noche en el osario de una capilla románica de Wamba (Valladolid). A los sufridores no les hizo ninguna gracia la idea porque consideraron que era un regalo morboso y rechazaron el premio.

 

«Un, dos, tres...» - 1992

 

 

Lo mismo ocurrió en el programa dedicado a San Valentín. El premio final fue un curso de paracaidismo, y aunque los concursantes del plató lo llegaron a realizar, la pareja de sufridores lo rechazaron porque la señora era un poco mayor y no se atrevió a saltar desde un avión.

 

  

  

  

Cada semana se recibían más de 3000 cartas para acudir al programa y presenciar la grabación en las gradas. Mercedes Moro (hija del dibujante Jose Luis Moro) y Jorge Szigriszt eran los encargados de seleccionar cada semana los 526 espectadores que se sentarían en las butacas del plató.

 

«Un, dos, tres...» - 1992

Jorge en su despacho gestionando la
llegada de los autocares con el público

 

 

En el primer programa las gradas estuvieron ocupadas en su mayoría por familiares y amigos de miembros del equipo de «Un, dos, tres...», que no quisieron perderse la vuelta del mítico programa a televisión.

 

A diferencia de otros programas, el público no cobraba por asistir a las grabaciones, aunque durante las mismas se les ofrecían juegos con los que podían ganar algo de dinero; a veces se emitían esos juegos y otras veces no.

«Un, dos, tres...» - 1991

Los familiares y amigos del equipo fueron los primeros
en ver una grabación del nuevo «Un, dos, tres...»

 

 

Por ejemplo, en el programa dedicado a San Valentín (14 de febrero de 1992), se eligió a dos personas del público, que no se conocían, y le hicieron darse un beso de amor, y tenían que permanecer enroscados mientras se les sometían a algunas pruebas, como tirarles agua, bombas fétidas, etc. A la tercera prueba lo dejaron y se fueron cada uno para su asiento un poco cortados. Como la prueba no había gustado en exceso al público asistente en el plató, no se emitió en pantalla.

 

 

Como las grabaciones eran tan largas (comenzaban a las 3 ó 4 de la tarde, y podían alargarse hasta las 2 ó 3 de la madrugada), el entusiasmo del público podía ir “in decrecendo”, por lo que antes de comenzar la grabación propiamente dicha, las Hurtado hacían un pequeño show muy gracioso de cara a las gradas, con las cámaras enfocando al público y tomando planos generales y primeros planos de gente riendo.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

Las Hurtado animaban al público

 

 

Esto servía, no sólo para obtener planos de gente riendo para intercalarlos en el montaje final, sino también para ir animando al público y tomarle el pulso para comprobar si era gente entregada y divertida o más bien tímida.

 

  

   

  

El veterano humorista Luis Sánchez Polack, “Tip”, iba a ser fichado por Ibáñez Serrador para esta etapa de «Un, dos, tres...». En sus intervenciones iba a salir acompañado por Anabel Alonso. Finalmente, Antena 3 hizo una suculenta oferta por Tip para que presentara el concurso «El Gordo».

 

 

 

Sin la presencia de Tip, la intervención de Anabel Alonso carecía de sentido y no fue contratada como humorista de la subasta.

 

 

Al genial Moncho Borrajo, que ya había intervenido en anteriores ocasiones en «Un, dos, tres...», como concursante en un especial con famosos y como artista invitado, se le hizo un contrato para que interviniera en cuatro programas de esta etapa, pero finalmente sólo intervino en la primera emisión.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

 

 

 

Durante las últimas semanas de grabación de la séptima etapa se rumoreó que la relación entre Chicho y Ángel Garó se había enfriado. De hecho, su actuación fue suprimida en algunas emisiones.

 

En la grabación del programa especial dedicado al 20 aniversario de «Un, dos, tres...», Ángel Garó permaneció encerrado en su camerino hasta que le tocó intervenir. Se desconoce la razón por la que el joven humorista no quiso compartir con sus compañeros tan emblemática grabación; quizás se debiera al comentado enfado con el jefe o porque él había sido el último en incorporarse al equipo y no tenía nada que celebrar. 

 

 

Ángel Garó - «Un, dos, tres...» (1991)

Ángel Garó obtuvo un éxito sin precedentes
en la séptima etapa de «Un, dos, tres...»

 

  

  

  

En el programa dedicado a “don Juan Tenorio” (1 de noviembre de 1991), el actor y cantante Carlos Mata tuvo a bien de acudir como invitado, interrumpiendo su gira europea, para recibir el disco de platino por haber vendido más de 100.000 copias de su disco.

 

A todas las féminas del público y a las propias azafatas les encantó la actuación del televisivo Carlos Mata, muy famoso en España por ser protagonista de varias telenovelas.

«Un, dos, tres...» - 1991

Miriam Díaz-Aroca, ataviada como una
sexy doña Inés, posa junto a Carlos Mata

 

  

  

  

Esta etapa fue la última en la que el «Un, dos, tres...» fue finalista de los premios TP de Oro al mejor concurso. Sus otros dos rivales fueron «Su media naranja» (Telecinco) y «Cifras y letras» (La 2 de TVE), resultando ganador este último.

 

«Cifras y letras» - 1991

 

 

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