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Álbum de fotos del «Un, dos, tres...»

Página 300

 

  

«Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» - 2004
  

Se conocieron en el metro

  

Esta simpática pareja compuesta por Eva y César fue presentada por la azafata Raquel Oliván en el programa dedicado a “Cuento de Navidad” (6 de febrero de 2004) y nos contaron que se habían conocido en el metro; ambos se vieron leyendo el libro del programa y se presentaron; se cayeron muy bien y decidieron probar suerte y escribir a «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» para concursar juntos.

 

  

 

  

«Un, dos, tres...» - 1986
  

Encerrados y sufriendo

  

Chicho Ibáñez Serrador creó para el Un, dos, tres... la figura de los sufridores, una pareja de concursantes que, encerrados en una jaula, sufrían viendo las decisiones que los concursantes que participaban en la subasta iban tomando, ya que aquellos eran informados de los premios que se escondían detrás de cada uno de los obsequios que había en la mesa.

 

  

 

  

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1976
  

Alberto Vázquez Figueroa explica la “misión «Un, dos, tres...»”

  

El escritor Alberto Vázquez Figueroa fue el primer escritor elegido por Narciso Ibáñez Serrador para acompañar a los concursantes de la “Misión «Un, dos, tres...»”. Él se encargaba de narrar las aventuras y desventuras de Esperanza y Abelardo, a quienes vemos en la foto escuchando la conversación entre Kiko Ledgard y Vázquez Figueroa.

  

  

 

  

«Un, dos, tres...» - 1983

  

El buen compañerismo entre los concursantes

  

Una constante en «Un, dos, tres...» a lo largo de todas las etapas fue que entre las parejas de concursantes, aunque rivales, reinaba un excelente clima de compañerismo que provocaba que se alegraran por el triunfo de los demás.

 

Para todos, concursar en el programa ya constituía una experiencia única y triunfar o no triunfar en la tanda de preguntas y convertirse en campeones, batir al rival en la eliminatoria y pasar o no pasar a la subasta, y ganar un mejor o peor premio llegaba a convertirse en ocasiones en algo secundario, porque disfrutar la mera participación en «Un, dos, tres...» ya era un premio inolvidable.

 

 

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