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Críticas (positivas y negativas)
al programa «Un, dos, tres...» en prensa
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Todos recordamos que el último programa de la primera etapa de «Un, dos, tres... responda otra vez» estuvo dedicado al circo (30 de abril de 1973). Pero ¿cuál fue la razón? El propio Narciso Ibáñez Serrador la reveló al dirigirse a los espectadores al final del programa para despedirse; en una de las críticas que se habían escrito sobre el programa se dijo que “aquello no era televisión, sino circo”. Y esa crítica que trataba de herir y que era despectiva, Chicho supo transformarla en una magnífica idea para despedir la primera etapa de «Un, dos, tres...».

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1973

 

 

Y es que Narciso Ibáñez Serrador siempre estuvo muy atento a la crítica, para mejorar en todo lo posible su «Un, dos, tres...»; programa en el que al principio no daba la cara, pero que, tras la petición del crítico de ABC Enrique del Corral, empezó a firmar y realizar en sustitución de Eugenio Pena.

 

Aunque Narciso Ibáñez Serrador era el director, Eugenio
Pena fue el primer realizador de «Un, dos, tres...».

 

Cuando Enrique del Corral pidió que Chicho diera la cara
y su nombre apareciera como responsable del programa, comenzó a realizarlo él mismo.

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1972

 

  

Chicho, en una entrevista a mediados de los 80, clasificó las críticas que había recibido el «Un, dos, tres...» en cuatro grupos. La “crítica A”, al comienzo del programa, se centraba en el hecho de que las chicas salieran en minifalda; y añadía “si ahora me diera por vestirlas de minifalda me llamarían cursi”. La “crítica B” consistía en acusarnos de hacer un programa subcultural; pero también quedó superada. La “crítica C” decía que el programa era infantil, anodino y ñoño, más aconsejable para las horas de sobremesa que para la noche de los viernes. Finalmente, la “crítica D”, en medio de la cual se encontraba el «Un, dos, tres...» cuando Chicho hizo esta clasificación, acusaba al programa de exceso de erotismo; Ibáñez Serrador declaró que esta crítica, realizaba a raíz de la publicación de dos viñetas del gran dibujante americano de los años cincuenta Steiner, no le preocupaban, ya que esos dibujos que en España escandalizaron tanto, habían sido mostrados en los «Un, dos, tres...» de Holanda, Portugal y Reino Unido sin tanta polémica.

 

  

 

 

En esta sección vamos a recoger algunas de las críticas que se escribieron acerca de «Un, dos, tres...». Afortunadamente, la mayoría son positivas, pero también hubo alguna negativa.

 

Y no olvidemos que una de las críticas que seguía el programa con más atención y cuyas indicaciones eran seguidas por Ibáñez Serrador y todo su equipo, era Pepa Ibáñez, la hija de Chicho.

 

 

  

 

 

El crítico de televisión Enrique del Corral, tras ver el primer programa de «Un, dos, tres... responda otra vez», escribió una crítica muy positiva augurando gran éxito para el nuevo concurso que había nacido:

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1972

«Un, dos, tres... responda otra vez» ha dado un vuelco formal a la tradición. A la tradicional forma de concebir los concursos en TVE. El nuevo espacio, que nació signado por la eficacia, hizo tabla rasa de todo ese aparato “serio” y trascendente con que se vestían los “tele-quiz” españoles: escenario frío, jurado solemne, seriedad ambiental...

 

De pronto, el guionista de «Un, dos, tres...» concibe un decorado y un jurado vestido a lo «El asfalto», donde el tribunal, con intervenciones mímicas, “llena” el bache de la duda de quienes responden “amueblando” así los espacios vacíos, nefastos en televisión, cuyo secreto triunfador es, sencillamente, el ritmo. Este concurso lo tiene.

 

Y tiene, además, un impacto final —el de la subasta— que eleva a regiones insospechadas de garra el programa. Cierto que su presentador, el señor Ledgard, estuvo nervioso el lunes; con nervios lógicos en todo espacio que comienza. Y cierto, también, que las preguntas eran de “enseñanza básica”. [...].

  

Lo del primer día era nada más que un “piloto”, es decir, una especie de “ensayo general” para que el espectador viviera la mecánica, la dinámica y la táctica de «Un, dos, tres... responda otra vez», que ha ganado ya la simpatía de las gentes porque en su fondo y en su forma contiene todo lo eficaz para triunfar; y en esto juega buena baza la realización inteligente, oportuna y muy inspirada de Eugenio Pena, que es un gran profesional.

 

 

El éxito que Enrique del Corral auguraba para «Un, dos, tres... responda otra vez» se confirmó unas semanas después, como recoge esta otra crítica:

 

En pocos lunes «Un, dos, tres... responda otra vez» ha conquistado a la audiencia de TVE. El secreto es fácil; está en la conjunción de dos televisistas auténticos formando equipo: Narciso Ibáñez Serrador y Eugenio Pena. [...].

 

El presentador, señor Ledgard, domina el medio, las cámaras y el programa. Su dominio y desenvoltura se acrecienta, sobretodo, en la subasta, donde es preciso tener mucha habilidad... y sangre fría. [...].

 

Hay concurso para rato...

 

 

La novedad y originalidad de una “parte negativa” en un concurso de televisión fue muy aplaudida por los críticos:

 

No nos equivocamos cuando al “saludar” a «Un, dos, tres... responda otra vez» le auguramos largo éxito. Ya lo tiene. Y resonante. Tan largo y resonante que la fuerza del programa domina sobre el resto de la programación. El tándem Narciso Ibáñez Serrador-Eugenio Pena ha dado los frutos presumibles. [...].

 

La fuerza de «Un, dos, tres...» es tanta que casi importa menos el concurso y los concursantes que el “adobo” del espacio con la terna de peripatéticos que componen el jurado visible. Ellos polarizan la atracción popular, catalizan la indignación de algunos y la sorpresa de todos; son como pararrayos del humor y “tubo” para el drenaje de la envidia de otros que se asombran de los premios.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1972

 

 

«Un, dos, tres...» tiene tanto de concurso como de divertimento, y esto es sano. La eficacia, además, de Kiko Ledgard como presentador y subastador confiere al programa especial resonancia.

 

 

En noviembre de 1972, Manuel Vázquez Montalbán le dedicó estas palabras a «Un, dos, tres...»:

 

No anda muy sobrada Televisión Española de programas como para que malgaste en un solo día los dos más interesantes de su actual programación. En la noche del lunes se sucede el programa de orientación política (de política eclesiástica, se entiende) de monseñor Guerra Campos y el “show” «Un, dos, tres... responda otra vez». [...].

 

Tras la pócima a lo cardenal Cisneros llega el rutilante «Un, dos, tres... responda otra vez». Al comienzo del programa, muchos nos temimos una reedición de pasadas siniestras peripecias televisivas. Pero pronto la propuesta comunicativa adquirió connotaciones insólitas, desconcertantes. El programa era imposible juzgarlo con los esquemas que hasta ahora nos ha condicionado TVE, era imposible leerlo con la mecánica de lectura que nos ha dejado la educación televisiva de programas similares. Era un desafío para la clarificación porque era realmente algo “nuevo”.

 

La estructura fundamental es conocida: un presentador hace preguntas, premia las respuestas con generosidad y ultima la faena con una apoteosis de la generosidad, pero limitada por las reglas del azar. La estructura fundamental es pues: árbitro-concursantes (va por parejas)-sanción (premios mayores o minipremios). Sin embargo, aparecen tres ingredientes corales nuevos: un coro de impugnadores del programa, de gente en perpetuo conflicto con los designios del presentador y además respaldado por otro coro invisible, cuya voz en “off” se escucha de vez en cuando para sentar irrefutablemente la bondad o la maldad de las respuestas; un coro de espectadores, cuyo rostro permanece invisible durante la primera parte del programa, pero que se convierten casi en los protagonistas de la segunda parte, con sus reacciones colectivas ante las peripecias y los dilemas que viven los concursantes; el tercer coro es el de unas muchachas espléndidas y frecuentemente destapadas, a manera de ninfas asistenciales del presentador y de los concursantes, ninfas de perpetua y muñecoide sonrisa, con las facciones del cuerpo y el alma desbaratadas por unas gafas insectivas (de insecto).

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1972

 

 

[...] Ledgard es un presentador ligero, sabe moverse, sabe pasar de una zona a otra sin que lo parezca, tiene unos reflejos lingüísticos de vendedor de feria, un aplomo de tragasables, conoce bien el guión y, sobretodo, conoce muy bien las posibles reacciones de los concursantes y el público [...].

 

 

«Un, dos, tres...»  destacaba entre los concursos de la época, como reflejó la crítica especializada:

 

Cuatro programas-concurso salpican la semana. «Visto y oído», que presenta idóneamente Mario Beut, es el más nuevo, unido al más veterano, «Fe de erratas», que señorea con su buen estilo José Luis Uribarri. De todos, «Un, dos, tres... responda otra vez» lleva la palma de la popularidad por sus especiales características. Y por su estilo “Chicho”, junto a la vigencia del realizador, Eugenio Pena. [...]. Pero además tengo para mí que «Un, dos, tres...» más que un concurso es un divertimento, y un divertimento feliz, dichos, alegre y espumoso que sazona la programación. Ese apunte de guión con que ahora suele comenzar, dándole a “don Cicuta” actividad recreadora, resulta recreativo. Todo lo mucho bueno que, además, tiene el espacio lo ponen Kiko Ledgard y esa legión de secretarias que mariposean cumpliendo un cometido concreto. «Un, dos, tres...» hay que verlo, más que con los ojos de “la cultura”, con los ojos del humor a flor de pupila. Y la sonrisa a flor de labios, que, a veces, estalla en carcajada.

 

 

También destacó la crítica la humildad del equipo de «Un, dos, tres...» reconociendo los errores cometidos al juzgar las respuestas de los concursantes:

 

Narciso Ibáñez Serrador, alma y vida de «Un, dos, tres... responda otra vez», acaba de reconocer el error en que incurrieron los “Supercicutas” rechazando a Hobbes (en la pregunta acerca de la Revolución Francesa), citado por el concursante, señor del Río Bourmann. Ibáñez Serrador reconsideró inmediatamente el tema, pero no quiso desautorizar a aquéllos, en espera de los cauces legales. Ya se han producido y la pareja volverá a estar en antena. Cuando un programa es bueno, lo es en todo; hasta en estos detalles que pueden parecer nimios y son importantes.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1972

  

 

Otros profesionales de televisión —autores, directores, actores, realizadores, presentadores...— no admiten réplica ni censura alguna. Eso indica su poco talento y su absurda e incomprensible soberbia.

 

  

 

 

Tras el estreno de la segunda etapa de «Un, dos, tres... responda otra vez», Enrique del Corral escribió este elogio al programa y a su director:

 

Narciso Ibáñez Salvador (no es errata; es el “salvador” de los programas); Narciso Ibáñez “Salvador”, repetimos, llegó, actuó y triunfó. Había mucha expectación y alguna psicosis en espera del retorno de «Un, dos, tres... responda otra vez», y ya está en antena. Tan para bien que en el espacio del retorno jamás tuvimos la impresión de que el programa necesitara “rodaje”, porque todo estuvo a punto y en punto.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1976

 

 

Huelga que nos referimos a la increíble fantasía de Ibáñez Serrador; está demostrada. Ni a su concepto de la televisión como espectáculo dinámico, electrizante, lleno de sorpresas y de “gags” para que no se produzca jamás ni un bache ni una pausa, porque también está patente. Acción sobre acción; sorpresa sobre sorpresa; fantasía. Y una realización tan cabal que uno se olvida enseguida de que existan las cámaras, aunque se viera el cablerío recorriendo el estudio.

 

Con nuevas secretarias mucho más asentadas que aquellas que iniciaron el «Un, dos, tres...» en la primera etapa; con Kiko Ledgard dominando el tema y superando los inconvenientes con magisterio constante; con nuevos “Cicutas”, que serán enseguida populares; con un admirable recuerdo para el inolvidable Valentín Tornos, “encerrado” en su “Tacañón del Todo”; con la picardía de la subasta; con el espectáculo sobre el espectáculo, «Un, dos, tres... responda otra vez» es ya realidad gozosa. Y explosión de humor, que falta hace.

 

¿Quién verá desde ahora, ese mismo día y hora, «A fondo», en UHF? Muy pocos... ¡Cosas de TVE!

 

 

Menos positiva fue la crítica que escribió Juan Cueto a raíz del estreno de la segunda etapa de «Un, dos, tres... responda otra vez», en un artículo que publicó bajo el título de “Ninguna diferencia en el nuevo «Un, dos, tres...»”:

 

¿Existen diferencias entre este «Un, dos, tres...» y aquel «Un, dos, tres...»? Veámoslo. El director es el mismo, también el presentador y el equipo que no se ve, las linda exhibidoras de “muslamen” están cortadas por el mismo patrón que las anteriores y condenadas al mismo tipo de fama, la estructura de la cosa no ha variado lo más mínimo, el espectáculo final con el “suspense” del automóvil es idéntico... [...] Por empeñarse en copiar la vieja fórmula, sin quitar ni añadir una coma, un plano, por querer plagiarse a sí mismo a falta de nuevas ideas, por intentar huir de toda innovación [...] Chicho y sus muchachos están consiguiendo un programa-concurso que no resiste la menor comparación con aquel que les hiciera tan populares a pesar de ser el mismo.

 

¿Pero cuáles son las discrepancias? Por de pronto, la peseta, la “gran vedette” del espacio, ha cambiado: se ha devaluado. [...] En segundo lugar, el tiempo no pasa en balde ni para Ibáñez Serrador. Cuando surgió el primer «Un, dos, tres...», el país permanecía imbecilizado por decreto-ley. Desde entonces han acontecido un montón de cosas que han logrado hacer del famoso concurso un producto encantadoramente “retro”, por no decir estúpidamente subdesarrollado. [...].

 

 

El programa dedicado a las novelas policíacas (14 de mayo de 1976) fue objeto de una crítica positiva por parte de Enrique del Corral:

 

El entusiasmo y la profesionalidad de Ibáñez Serrador no la hemos puesto jamás en duda. Si alguien la tuviera le bastaría haber visto el último «Un, dos, tres...» para disiparla. No contento con buscar, cada semana, algo que enriquezca el complejo guión del programa, ha ido más allá insertando secuencias de «Kojak» con doblaje idóneo, divertido y original para sumar efectos al programa que es, de principio a fin, efectivo.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1976

 

 

Si a veces queda un tanto bajo de humor y como “sombrón” la culpa es de quienes concursan, ya que su espontaneidad, sobretodo en la subasta, es fundamental para robustecer el clima de buen humor que es sustancia de «Un, dos, tres... responda otra vez».

 

 

El exceso de publicidad (encubierta o no) siempre fue puesto de manifiesto por la crítica:

 

Estaría bien que los responsables de la publicidad —que dicen que los hay en TVE— vieran de vez en cuando el programa para que no nos tuviéramos que “tragar” publicidades como la del gimnasio Banzal o la del cochecito de la SEAT con las inocentes frases de Kiko: “¡Qué coche!”, ”¡Qué línea!”, “¡Qué bonito!”, “¡Qué maravilla!”. Todas ellas arropadas por los “¡Oooohhhhh!” de admiración de los extras que cobran por hacerlos.

 

Igualmente, el plano final del programa no puede ser más publicitario: el coche se coloca en medio del plató y es rodeado por todas las bellísimas azafatas del programa. Para mí es una publicidad descarada. ¿No les parece lo mismo?

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1976

  

 

Enrique del Corral siempre trataba muy bien al «Un, dos, tres...» en sus críticas; en diciembre de 1976 escribió esto:

 

Hasta la llegada de «Un, dos, tres... responda otra vez» los concursos en TVE eran sencillamente concursos. Con alguna excepción, casi todos valían lo mismo para televisión que para radio. Les faltaba, pues, el elemento visual, fundamento de, y para, televisión.

 

Narciso Ibáñez Serrador fue, quiérase o no, el gran revolucionario de los concursos con la colaboración de Kiko Ledgard, cuya autoridad ante las cámaras y soltura para salir ingeniosamente de cualquier situación, está fuera y sobre cualquier duda.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1976

 

 

Ibáñez Serrador no ignora tampoco que en televisión nada es imposible sin guión. Ni siquiera un concurso; y los escribe con detalle, minuciosamente, añadiéndole espectáculo al espectáculo por lo que cada vez el programa, siendo el mismo, es siempre distinto. Enriquecido, además, el espacio con fantasía, a veces desbordada e incluso con buena dosis de “suspense” en la parte dedicada a la subasta, el programa mantiene su constante juventud y su apasionada actividad, que le ha convertido en predilecto de la audiencia, según los índices. Y con razón.

 

 

Otro de los programas que provocó una crítica positiva por parte de Enrique del Corral, fue el dedicado a las ciencias ocultas (29 de abril de 1977):

 

Narciso Ibáñez Serrador es un “mago” de la televisión. Domina el medio; no por intuición gratuita, sino por estudio concienzudo. Cada uno de sus programas ha sido un éxito. Ahora, permanece “refugiado” en «Un, dos, tres...», programa estrella de los viernes, nada fácil de hacer, aunque muchos crean lo contrario. Es  complejo de guión, de dirección y de realización. Complejo y abrumador, siempre.

 

A veces, además, sorprendente como espectáculo añadido al espectáculo. Tal ocurrió el viernes con “la magia” inserta en el programa con tanta fuerza que los espectadores in situ, y los diseminados por toda España, estaban más atentos, quizás, a las peripecias de los magos que a la mecánica del programa en sí. Este no dormir sobre laureles y estar siempre bullendo ideas, y realizándolas, da a «Un, dos, tres...» su mejor carácter y su esencia televisiva.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1977

 

 

A raíz del especial de Reyes de 1978, Paco Umbral escribió lo siguiente:

 

«Un, dos, tres... responda otra vez». Ahora muere el programa, ahora termina la popular maratón de los analfabetos y deben saber ustedes que en el reciente concurso dedicado a los niños terribles —los niños son siempre terribles— Kiko les pidió verbos de la primera conjugación y salieron éstos: “mear, cabrear y cagar”. Los dos últimos los cortó la inexistente censura de TVE. Cuando Victoria Abril dijo eso de “diecinueve preguntas contestadas”, resultó que los telespañoles sólo habíamos oído diecisiete, lo cual le bastaría a cualquier notario para impugnar el programa. [...].

 

 

Casi a punto de terminar la segunda etapa de «Un, dos, tres... responda otra vez», Enrique del Corral quiso alabar la espectacularidad que estaba alcanzando el programa en sus últimas emisiones:

 

No sé si acabará o no, como se dice, «Un, dos, tres...». Si concluye, la audiencia masiva lo lamentará mucho; y algunos “selectos” también, aunque no se atrevan a decirlo. Narciso Ibáñez Serrador, con su inseparable, Kiko Ledgard, ha cuajado un programa-espectáculo donde al espectador le importa ya poco lo que se lleva —o sabe— quien concursa. Lo que le importa es estar una hora entretenido con ballet, humoristas y Mari Carmen; y lo está.

 

 

Ya una semana antes había escrito una crítica en ese sentido:

 

«Un, dos, tres...», además de todo lo que tiene dentro, como guión y realidad televisual es, desde hace poco, una concentración de actores, de humoristas. Y, ocasionalmente, de valores absolutos en algún campo del arte; el viernes, Chabuca Granda, que cantó “La flor de la canela”, nada menos e inundó de simpatía el “set”. Un “set” que estuvo desbordante de ingenio en el decorado, bien resuelto pese a las “pegas” acumuladas por la fantasía de Narciso Ibáñez Serrador, quien parece no descansar, ni dejar descansar a nadie.

 

Creo, modestamente, que «Un, dos, tres...» tal y como está saliendo ahora de la mano de Kiko Ledgard y del cerebro —y los ojos— de Ibáñez Serrador, es ya mucho más que un concurso, para inscribirse por derecho propio en un auténtico espectáculo de televisión.

 

 

Al día siguiente de la muerte de Kiko Ledgard (ocurrida el 23 de octubre de 1995), un crítico escribió esto:

 

Cuando muere un actor no pasan muchas horas hasta que, a modo de homenaje, se repone una de sus películas, pero las cadenas desconocen el protocolo a aplicar ante el fallecimiento de un presentador como Kiko, jubilado de oficio, pero activo en la memoria de los espectadores. El viejo «Un, dos, tres...» tuvo que volver anoche, con sus billetes verdes en blanco y negro, sus autos locos y sus azafatas miopes, para que el público disfrutara con una gran lección de historia y uno de los mejores maestros.

 

Kiko Ledgard - «Un, dos, tres... responda otra vez» (1976)

 

 

Hay que señalar que TVE escuchó las voces que pedían la reposición de un programa presentado por Kiko Ledgard y emitieron el dedicado a los toros (26 de marzo de 1973).

 

 

 

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