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En la grabación del programa dedicado
a los exámenes de septiembre

7 de septiembre de 1987

 

 

 

 

  

   

Los que íbamos a formar parte del público estábamos citados a las tres de la tarde, pero yo ya andaba por Prado del Rey desde las dos, al igual que muchas personas más que iban bajándose de sus respectivos autocares. Esta vez no me acompañaba mi amigo, pero tampoco era necesario ya que iba a ser uno más entre el público y ese día no me había “colado” en ningún sitio.

 

Mi ilusión hubiera sido colocarme cerca de la escalera para estrechar la mano de Mayra conforme bajara la escalera y para poder llevarme alguna tarjetita de recuerdo, pero me colocaron en el gallinero. De primeras no me gustó la idea, pero acabé cogiéndole el gusto ya que desde allí podía ver cómo se hacía mi programa favorito con toda perspectiva. Ya vería yo en casa el lunes cómo había quedado el montaje final.

 

Una vez colocados, Chicho se dirigió a nosotros explicándonos cómo se iba a desarrollar la grabación y nos pidió paciencia y participación; paciencia porque la tarde iba a ser muy larga, y participación porque éramos una pieza fundamental del programa y quería, no sólo que nos lo pasáramos bien, sino que lo transmitiéramos.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

La tensión que se vivió en el plató la jornada anterior se había disipado. Chicho estaba más tranquilo y una vez hecho algunas someras indicaciones al regidor, se retiró al control de realización y escuchamos por los altavoces la sintonía del programa. Después apareció Mayra Gómez Kemp por la escalera y a su lado se pusieron Kim y Silvia.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Hasta que no escuché a Mayra no caí en la cuenta de quién estaba en el set de azafatas; era Nina. Con razón estaba ayer en el plató grabando un número musical, y faltaba Jenny; Nina había sido fichada para sustituirla en estos últimos meses de la sexta etapa.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Lo que no me podía imaginar es que algo que en casa pasa tan rápido se tarde tanto en grabarlo; me refiero a la tanda de preguntas. Desde el sofá del salón parece que todo va seguidito, pero en el plató se hace eterno, porque hay que comprobar las respuestas, en caso de error comunicárselo a los concursantes, y decirle a Mayra la explicación que debe dar y a la “Seño” la rima que debe decir. Larga, esta parte se me hizo muy larga. Además no era mi parte favorita del programa, así que mientras los concursantes trataban de dar respuestas yo me iba fijando en todo: situación de los sets, de las cámaras, lo que hacían las azafatas fuera de plano, etc. Como estaba en el gallinero sabía que no me iban a hacer esos típicos primeros planos que intercalaban cuando los concursantes daban las respuestas.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Por fin Mayra anunció que nos íbamos a publicidad pero que volvíamos enseguida con la eliminatoria... Enseguida, enseguida no fue. En ese momento Chicho habló desde el control para explicar que todo el equipo se iba a hacer una foto para la prensa con motivo de haber sido el programa con más audiencia de TVE.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Tras ello, nos indicaron que en ese momento se iba a proceder a retirar los sets de la tanda de preguntas e instalar los de la eliminatoria, por lo que contábamos con unos minutos para salir del plató y tomarnos un refresco y un bocadillo que nos tenían preparados.

 

Cuando volvimos a entrar en el plató ya estaban los elementos de la eliminatoria colocados y Chicho en persona les explicó la mecánica e incluso les hizo una demostración. Después se subió al control y dio la entrada a Mayra: “Cinco y acción”.

 

Lo primero que hizo la presentadora fue saludar a los sufridores. Por fin resolví una duda que siempre había tenido: ¿dónde estaba su celda? Pues estaba a la izquierda del plató según se miraba desde las gradas. Realmente a los sufridores no los veíamos pero sí sabíamos que estaban allí porque la zona estaba iluminada.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

A diferencia de la tanda de preguntas, la eliminatoria se grabó enseguida. Tan sólo se hizo un corte entre la proclamación de los ganadores y el comienzo del juego de Galerías. En ese momento resolví otras de mis dudas sobre «Un, dos, tres...»: ¿Qué hacían las Hurtado después de las preguntas? Años después leí que si tenían alguna gala se iban al terminar la parte en la que ellas intervenían pero aquel día se quedaron en el plató y pude ver a Paloma Hurtado ya vestida de calle sentada en un lateral fuera del alcance de las cámaras mientras el equipo desmontaba el set de la eliminatoria.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Chicho volvió a bajar al plató; lo hacía constantemente. No sé si el control lo tenía lejos pero como fuera así andaba bastante. No dijo nada en público sino tan sólo se acercó a Mayra, se encendieron un puro y un cigarrillo respectivamente, y se lo fumaron mientras mantenían una conversación en voz baja.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Tras el juego de Galerías, que también se grabó muy rápido, comenzó la subasta. Yo, desde casa, que pensaba que todo se hacía el mismo día y una cosa detrás de otra, ya sabía que eso no era así porque el día anterior había visto cómo se grababan los números musicales, que hoy veíamos a través de unos monitores. Tantas veces los había oído que podía tararear la melodía, aunque no quise hacerlo muy alto por si me decían algo.

 

Tras la emisión del número musical los del público aplaudíamos enfervorizados, como si lo hubiéramos visto en vivo, animados por un incansable regidor.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

La grabación de la subasta se desarrolló con relativa normalidad como si fuera en directo. Chicho cortaba pocas veces y cuando lo hacía retomaba la grabación enseguida desde el punto donde el cómico de turno se había equivocado.

 

A las once de la noche, cuando la grabación de la subasta llegaba a su fin, oímos a Chicho decir: “¡Out! Un momento, ha habido un problema; bajo al plató y lo soluciono”. ¿Qué habría pasado? Al poco aparece con un micrófono en la mano y anuncia que por un problema en la cinta donde se estaba grabando el programa nada había quedado registrado y que había que comenzar de nuevo. El murmullo en el plató se generalizó y todos nos miramos extrañados y, por qué no admitirlo, con miedo. Después del susto, Chicho aclaró que era una broma, que todo estaba saliendo bien; nos agradeció nuestra colaboración, le deseó suerte a los concursantes y se llevó a Mayra a un rincón oscuro donde le dijo no sabemos qué; seguramente la cantidad máxima que esa noche podía ofrecer en metálico.

 

Luego se retiró al control y ordenó la reanudación de la grabación. Todo el equipo prestó mucha atención a este momento. Veíamos a las azafatas detrás de las cámaras esperando la decisión final de los concursantes, que se empecinaron en un regalo (influidos también por el público) que no fue el que todos hubiésemos deseado: un curso de paracaidismo.

  

Me supo muy mal por ellos porque después de tantas horas de grabación se les acaba tomando cariño, así que con esa sensación agridulce fuimos abandonando el plató. Me hubiera gustado saludar y pedir autógrafos a todo el mundo, pero no vi a nadie más que a los encargados del público, que nos indicaban la salida hacia los autobuses.

 

El lunes, cuando emitieron el programa, lo vi con la misma ilusión que lo veía semana tras semana, aunque en esta ocasión me resultó extraño ver de cara un programa que había visto hacerse de espaldas.

 

 

Agradecemos a Fernando que haya compartido con nosotros sus recuerdos

 

 

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