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Premios buenos

 

 

   

Quizás el premio más anhelado en la historia del «Un, dos, tres...» fue el coche. Aunque hoy día todas las familias cuentan con un vehículo y, en ocasiones más, allá por 1972 cuando el programa se estrenó no todo el mundo podía permitirse la compra de un utilitario. Concursos como el «Un, dos, tres...» materializaban el sueño del españolito medio de poder motorizarse.

 

En las primeras etapas del concurso los coches de la marca SEAT eran los que se ofrecían a los concursantes. El Seat 850, el 127 ó el 132 hacían las delicias de los participantes en las etapas primera y segunda.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1972

 

 

Ya metidos en los años 80, SEAT siguió siendo la marca proveedora de coches para el «Un, dos, tres...». Los modelos Panda, Ibiza, Ronda, Málaga y Marbella desfilaron por el plató del programa algunos con destino a los garajes de los concursantes, otros de vuelta para el concesionario.

 

«Un, dos, tres...» - 1987

 

 

Con la integración de SEAT en el grupo Volkswagen-Audi, de vez en cuando se ofrecieron en el «Un, dos, tres...» algunos Volkswagen Golf y el lujoso Audi 100. Precisamente un Audi 100 ganó una pareja de amigos que él residía en el norte y ella en el sur; como la utilización conjunta del vehículo se antojaba difícil, él optó por quedarse el coche y pagarle su parte correspondiente a la concursante en cómodos plazos.

 

«Un, dos, tres...» - 1984

 

 

Ya en la sexta etapa (1987-1988) se ofreció algún coche de la marca Peugeot, marca que fue una constante durante las etapas séptima y octava (1991-1993), desfilando por el programa todos sus modelos.

 

«Un, dos, tres...» - 1991

 

 

En la novena etapa no hubo una marca específica que patrocinara el coche, así que se vieron vehículos de diversas marcas. En «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» (2004) fue la marca Ford la que ofreció sus vehículos a los concursantes: Ka, Fusión, Mondeo, Ranger, etc.

 

«Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» - 2004

 

 

Que los concursantes prefirieran el coche a otros premios de mayor valor, como pudiera ser el apartamento o el dinero que a veces se ofrecía, se explica por el hecho de que el premio se hacía material ya que el coche aparecía en el plató y los concursantes se lo podían llevar a casa. No obstante, en «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!», en pleno boom inmobiliario, los concursantes trataban de buscar el apartamento por su alto valor económico.

 

  

 

 

El apartamento empezó a salir con carácter regular como premio de la subasta a partir de la tercera etapa, para poco a poco asentarse como digno competidor del coche.

 

Tradicional es asociar Torrevieja (Alicante) con los apartamentos de «Un, dos, tres...», pero lo cierto es que se ofrecieron apartamentos en todo el litoral mediterráneo: Jávea, La Marina, La Manga del Mar Menor, Vera, Almuñécar, Benalmádena, etc. En «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» los apartamentos radicaban en Marina D’or, en Oropesa del Mar (Castellón).

 

 

  

 

 

Otro buen regalo que no solía faltar en las subastas de «Un, dos, tres...» era el viaje, normalmente para dos personas y con todos los gastos pagados; Méjico, Montreal, Alemania, Nueva York fueron algunos de los destinos de los concursantes que ganaron este regalo. Uno de los más atractivos fue el viaje en el mítico Orient Express, con salida en Londres y destino en Estambul.

 

Quizás los que más disfrutaron de este regalo fueron los niños que ganaron algún viaje a Eurodisney o Disney World.

 

El regalo del viaje era personal e intransferible, de forma que los propios concursantes eran los que tenían que realizarlo, aunque se pelearan.

 

 

 

A veces, en lugar de regalos en especie, lo que se ofrecía a los concursantes eran suculentas cantidades de dinero, a través de cheques al portador o escondidas en el azulejo sorpresa de Porcelanosa, en el libretón del Banco Bilbao Vizcaya o en la Tarjeta 1-2-3 de Banesto.

 

Si echamos la vista atrás podemos comprobar cómo la cuantía de los premios en metálico subió considerablemente desde la sexta etapa a la séptima. En la época de Mayra Gómez Kemp el azulejo sorpresa de Porcelanosa llegó a esconder seis millones de pesetas; en cambio, con Jordi Estadella una pareja de concursantes llegaron a ganar dieciséis millones de pesetas.

 

«Un, dos, tres...» - 1987         

«Un, dos, tres...» - 1992

 

  

 

 

Y otro de los premios buenos del «Un, dos, tres...» era llevarse el Chollo o el Boom, que fueron las dos mascotas positivas que conoció el programa; el Chollo, en las etapas cuarta y quinta (1984-1986), y el Boom, en la sexta (1987-1988).

 

«Un, dos, tres...» - 1985

 

 

También la calabaza Ruperta fue positiva en algunos programas de las etapas séptima a décima. De hecho, los mayores premios jamás dados en «Un, dos, tres...» vinieron escondidos en la calabaza.

 

«Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» - 2004

 

  

 

 

 

El mejor regalo que se dio en la historia de «Un, dos, tres...» vino escondido en la calabaza Ruperta. Fue en el programa dedicado al Renacimiento (23 de octubre de 1992), y lo pudimos volver a ver en el último programa de la novena etapa (8 de abril de 1994).

 

 

 

En «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!», uno de los mejores premios que se dieron vino de la mano de la simpática Ruperta. Fue en el programa dedicado a “Cuentos de Navidad” (6 de febrero de 2004).

 

 

 

Éste fue el mayor premio que se dio en «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!»; fue en el programa dedicado a “La Odisea” (28 de mayo de 2004).

 

 

 

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