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Premios malos

 

 

 

Una de las frases míticas del «Un, dos, tres...» es si coche, coche; si vaca, vaca y viene a significar que el premio que los concursantes ganaban en la subasta era el que se llevaban, fuera malo o bueno. Lo de la referencia a la vaca suponemos que es porque en algún programa el premio ganado fue una res; y es que los animales fueron ofrecidos como premio en más de una ocasión, aunque no siempre fueron el regalo final, afortunadamente para los concursantes.

  

«Un, dos, tres...» - 1985

Si vaca, vaca...

  

 

Otra frase relacionada con los malos premios es la de ésta es la esencia del «Un, dos, tres...»; a veces se gana, y otras se pierde.... Sería muy difícil hacer una relación de todos los premios malos que se dieron en la subasta, pero podemos hacer referencia a los más significativos por curiosos o recordados.

 

  

 

  

El premio malo por antonomasia era la mascota negativa; en la primera etapa, la calabaza fue el regalo que se llevaron dos parejas de concursantes. Durante las etapas segunda y tercera, la calabaza Ruperta cobró vida y nombre y se fue a la casa de seis parejas de concursantes. La bota Botilde tan sólo fue fatídica para una pareja.

  

En la cuarta y quinta etapa (1984-1985) la mascota negativa alternaba con la positiva. El Chollo era fenomenal para los concursantes porque les permitía elegir el regalo que quisieran de todos los aparecidos en la noche; el Antichollo, en cambio, cumplía la misma función que sus antecesoras Ruperta y Botilde.

  

«Un, dos, tres...» - 1985

Los concursantes respiraban aliviados
al rechazar al Antichollo

 

 

La suerte acompañó a los concursantes durante estas etapas, ya que el Chollo fue el regalo final de la subasta en cinco ocasiones, y el Antichollo tan sólo en tres.

  

«Un, dos, tres...» - 1986

 

 

De la misma forma, en la sexta etapa (1987-1988) hubo una mascota positiva, el Boom, y otra negativa, el Crack. Afortunadamente, el Crack sólo fue el premio de una pareja de concursantes en esta etapa, la que llegó a la subasta en el programa dedicado al terror (19 de octubre de 1987); mientras que el Boom sí fue el regalo en cinco ocasiones.

  

«Un, dos, tres...» - 1987

Los concursantes supieron despistar al
Crack en la mayoría de las ocasiones

 

 

El Crack volvió a aparecer como premio en el programa dedicado a la Bolsa de la séptima etapa (27 de septiembre de 1991), pero como en esa etapa la mascota era la Ruperta, el Crack sólo serviría para adornar el apartamento que también les correspondió a los concursantes.

 

Durante las etapas séptima a décima la mascota fue la calabaza Ruperta; como en anteriores etapas, era un premio negativo, pero en ocasiones escondía en su interior importantísimos premios. De hecho, los mayores premios que se otorgaron en la historia del «Un, dos, tres...» venían acompañados de Ruperta.

  

«Un, dos, tres...» - 1994

 

  

 

  

En el programa dedicado a las zarzuelas (21 de mayo de 1976) los concursantes decidieron quedarse con el regalo que escondía una partitura mal orientados por la pista que le ofrecía una cantante al hablar de berlinas en la letra de la canción. Los concursantes, creyendo que habían ganado un coche, lo que realmente se tuvieron que llevar a casa fue un caballo.

 

«Un, dos, tres... responda otra vez» - 1976

Los concursantes dejaron escapar
un magnífico Seat 132

 

  

 

  

«Un, dos, tres...» - 1983

 

Los concursantes de la foto de arriba son José y Consuelo; ellos participaron en el programa dedicado a la juventud (21 de enero de 1983). Al final decidieron quedarse con el regalo que escondía una caja de porrillos; mala elección, sin duda... Mayra Gómez Kemp lee la tarjetita: les han correspondido dos millones y medio de.... El público grita, los concursantes sonríen... pero Mayra, con cara muy seria dice: No he dicho de qué. Les han correspondido dos millones y medio de... ¡cerillas!.

 

El disgusto de los concursantes fue mayúsculo, pero si había parecido poco escarnio llevarse semejante premio, a la semana siguiente los dos millones y medio de cerillas fueron el objeto del diálogo entre las Tacañonas y Mayra, quien reveló que lo ganado fueron dos millones y medio de cerillas, sin caja... A saber cómo se las llevaron los pobres concursantes.

 

  

 

  

¡Un caballero se presentará en su domicilio a la hora que ustedes le indiquen y les tocará diana!. Éste era el texto del premio que Amparo y Fernando se llevaron el 25 de octubre de 1985, en el programa dedicado a los deportes. Pero en lugar de rechazarlo, como hubiéramos hecho la mayoría de nosotros, los concursantes decidieron quedarse con el premio: si no me voy a llevar otra cosa, lo acepto.

 

«Un, dos, tres...» - 1985

Quinto, levanta...

 

 

Dicho y hecho. Ernesto Martos, trompeta de la Banda Municipal y de la Sinfónica de Málaga, acudía puntualmente todas las mañanas a las ocho a tocar diana al domicilio de Amparo. Aunque el premio era para ser compartido entre Amparo y Fernando, el horario de este último le impedía ser despertado los quince días que le correspondían al son de la corneta, de forma que fue Amparo quien soportó durante treinta días este dulce despertar.

 

Y después de todo un mes siendo despertada por Ernesto a toque de corneta, Amparo se hizo muy amiga del trompeta malagueño.

 

  

 

  

En el programa dedicado a los exámenes de septiembre (7 de septiembre de 1987), los concursantes que pasaron a la subasta fueron Diana Gilde Bernabé y Juan Carlos Ángeles Luna, novios y residentes en Barcelona.

 

El premio que consiguieron fue un curso de paracaidismo. La cara que se le quedó a los pobres cuando Mayra leyó la tarjetita con el premio fue un poema, pero al final se animaron a dar el salto y acudieron al Club de Paracaidismo de Barcelona para “cobrarse” su premio.

 

La experiencia les resultó muy reconfortante y manifestaron su intención de continuar practicando este deporte de altura.

«Un, dos, tres...» - 1987

 

Curiosamente, este premio del curso de paracaidismo volvió a ser ofrecido en el programa dedicado a San Valentín (14 de febrero de 1992), y los concursantes también acabaron eligiendo este premio.

 

  

 

  

«Un, dos, tres...» - 1987

 

Los  concursantes de la foto de arriba son Ángeles y Pedro, que después de varias semanas como campeones, pasaron a la subasta en el programa dedicado al Antiguo Testamento (14 de septiembre de 1987). Tuvieron muy mala intuición y fueron descartando los mejores regalos; al final se quedaron con el regalo que escondía el becerro de oro que adoró el pueblo de Israel mientras Moisés subió a la montaña, y que no era otro que una ordeñadora automática.

 

Por llevarse un mal premio, esta pareja entró en el sorteo para volver a participar en el programa dedicado a la gastronomía navideña (28 de diciembre de 1987), y en éste sí consiguieron resarcirse ganando el Boom, que cambiaron por el azulejo sorpresa de Porcelanosa que esa semana acumulaba la cantidad de cinco millones de pesetas.

 

  

 

  

En el programa dedicado a la comedia musical (28 de febrero de 1992) será recordado como el programa en el que los concursantes se llevaron uno de los premios más macabros de la historia del «Un, dos, tres...». Herminia y Rafael, después de desechar importantísimos premios e, incluso la oferta final de Jordi Estadella (que recordemos que solía ofrecer dinero al final de la subasta si el premio era malo) ganaron pasar una noche en el osario de la iglesia mozárabe de Santa María en el municipio de Wamba (Valladolid).

 

«Un, dos, tres...» - 1992

Elsa escenifica la noche que iban
a pasar los concursantes

 

  

 

  

«Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» - 2004

 

Los  concursantes de la foto de arriba son Miguel e Inma, los hermanos que pasaron a la subasta del primer programa de «Un, dos, tres... ¡a leer esta vez!» (9 de enero de 2004). Los pobres tuvieron un mal estreno y se llevaron mil frascos de purgante. Desde luego, un premio para... (y hasta ahí puedo leer).

 

  

 

  

Otros premios nefastos en las subastas del «Un, dos, tres...» han sido 430 kilos de arroz, un cargamento de melones o de cacahuetes, cien armónicas, mil y un cuentos infantiles, doscientos neumáticos pinchados, un viaje de quince días por la provincia de Madrid o un abono para acudir a ver los partidos en el campo insular de Las Palmas.

 

  

 

  

 

En el programa dedicado a las zarzuelas (21 de mayo de 1976) los concursantes ganaron un magnífico caballo.

 

 

  

 

 

En el programa dedicado al Antiguo Testamento (14 de septiembre de 1987) los concursantes ganaron una ordeñadora automática.

 

Obsérvese la alegría de los sufridores al saber el regalo obtenido; a pesar de que no era muy bueno, los sufridores eran vaqueros y tenían intención de comprar, precisamente, una ordeñadora automática con el dinero que obtuvieran con su participación en el «Un, dos, tres...».

 

 

 

 

 

En la sexta etapa el Crack sólo fue el premio en el programa dedicado al terror (19 de octubre de 1987).

 

 

  

 

 

En el programa dedicado a la Bolsa (27 de septiembre de 1991) el Crack hizo su aparición al final de la subasta, pero le acompañaba...

 

 

 

Agradecemos a Miguel Herrero su colaboración en esta sección

 

 

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